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Torrejas de Semana Santa

  • Prep 30 min
  • Total 60 min
  • Ingredientes 9
  • Porciones 6

Ingredientes

Almíbar:

1
taza de azúcar
1 1/2
taza de agua
2
palitos de canela
1
copita de ron o Pisco (opcional)

Torrejas:

1
pan (tipo baguette)
1
taza de leche
3
huevos
Aceite
vegetal para freír
Hojitas
de menta

Información Nutricional

INFORMACIÓN NUTRICIONAL POR PORCIÓN

Porción: 1 porción
% Valor Diario
% Valor Diario*:
Intercambios:
Free
*Valores diarios basados en una dieta de 2,000 calorías.
No hay información nutricional disponible para esta receta

Consejos de expertos

Cuando hagas el almíbar, agrega 1/2 cucharadita de canela en polvo.

Usa pan del día anterior o que ya esté medio duro, para que las torrejas no se deshagan.

Reemplaza el azúcar blanca por azúcar morena.

Las torrejas, tan parecidas a las tostadas francesas pero tan diferentes a la vez, siempre me hacen recordar la Semana Santa en casa de mi abuela salvadoreña. Ella se encargaba del menú de la casa y, por supuesto, en estos días sagrados no podían faltar, entre muchas otras exquisiteces, el bacalao con garbanzos, así como las deliciosas torrejas empapadas en un dulce almíbar que algunas veces tenía sabor a licor. Quizás en esas épocas las abuelas no se preocupaban de si los niños sentían el alcohol en los postres, pero obviamente a mi abuela eso parecía no afectarle. Como ella nunca tomó licor, supongo que no le agregaba mucho, pero sí lo suficiente como para que los pequeños lo notásemos. ¡Qué festines aquellos! En realidad, la comida era lo mejor de esos días calurosos, largos y super aburridos, pues mi dulce abuela no permitía que escuchásemos música ni viéramos televisión. Estaba prohibido jugar y correr, pero lo peor era que el Viernes Santo no dejaba ni que tomáramos una ducha porque decía que nos iba a salir cola de pescado… ¿se imaginan qué creatividad? El realismo mágico de mi escritor favorito se queda corto con esas historias descabelladas. Por eso pueden entender por qué la comida era el centro de nuestras vidas en esos días y, afortunadamente, la abuela cocinaba como los dioses. Como también tenía la costumbre de no dejar que las niñas entrásemos a la cocina, esta es mi interpretación de las torrejas con las que me deleitaba uno que otro año, cada vez que viajábamos a pasar la Semana Santa con ella. La miel era un almíbar transparente y con sabor a canela, y las rodajas de pan eran gordas y con cada bocado explotaban con el dulce almíbar. Es un recuerdo tan provocativo que no puedo resistir la tentación y creo que me comeré otra en este momento. ¿Y a ti qué postres te recuerdan la Semana Santa?

Instrucciones

  • 1 Para hacer el almíbar, combina el azúcar, agua, y canela en una ollita. Lleva a ebullición a fuego medio, baja un poco el fuego y cocina hasta que las burbujas se vean un poco densas, alrededor de 10 minutos. Apaga el fuego e incorpora el ron o Pisco.
  • 2 El almíbar debe estar a temperatura ambiente para empapar en él las torrejas.
  • 3 Torrejas: Corta el pan en rodajas de 1 pulgada de grueso. Colócalas en un pan con la leche para que absorban un poco de leche, volteando una vez para que se humedezcan por ambos lados. No permitas que se empapen ni que se pongan blandas.
  • 4 En un tazón aparte bate los huevos hasta que estén bien espumosos.
  • 5 En una sartén calienta aceite vegetal.
  • 6 Sumerge las rodajas de pan en el huevo batido para cubrirlo totalmente. Fríelas en el aceite caliente y voltéalas cuando estén doradas.
  • 7 Retíralas de la sartén y ponlas en un plato con papel toalla, para escurrir el exceso de aceite. Vierte en un platón o en un pyrex y rocía con todo el almíbar. Deja a temperatura ambiente hasta el momento de servir.
  • 8 Sirve una o dos torrejas por personas, acompañadas de bastante almíbar.

Las torrejas, tan parecidas a las tostadas francesas pero tan diferentes a la vez, siempre me hacen recordar la Semana Santa en casa de mi abuela salvadoreña. Ella se encargaba del menú de la casa y, por supuesto, en estos días sagrados no podían faltar, entre muchas otras exquisiteces, el bacalao con garbanzos, así como las deliciosas torrejas empapadas en un dulce almíbar que algunas veces tenía sabor a licor. Quizás en esas épocas las abuelas no se preocupaban de si los niños sentían el alcohol en los postres, pero obviamente a mi abuela eso parecía no afectarle. Como ella nunca tomó licor, supongo que no le agregaba mucho, pero sí lo suficiente como para que los pequeños lo notásemos. ¡Qué festines aquellos! En realidad, la comida era lo mejor de esos días calurosos, largos y super aburridos, pues mi dulce abuela no permitía que escuchásemos música ni viéramos televisión. Estaba prohibido jugar y correr, pero lo peor era que el Viernes Santo no dejaba ni que tomáramos una ducha porque decía que nos iba a salir cola de pescado… ¿se imaginan qué creatividad? El realismo mágico de mi escritor favorito se queda corto con esas historias descabelladas. Por eso pueden entender por qué la comida era el centro de nuestras vidas en esos días y, afortunadamente, la abuela cocinaba como los dioses. Como también tenía la costumbre de no dejar que las niñas entrásemos a la cocina, esta es mi interpretación de las torrejas con las que me deleitaba uno que otro año, cada vez que viajábamos a pasar la Semana Santa con ella. La miel era un almíbar transparente y con sabor a canela, y las rodajas de pan eran gordas y con cada bocado explotaban con el dulce almíbar. Es un recuerdo tan provocativo que no puedo resistir la tentación y creo que me comeré otra en este momento. ¿Y a ti qué postres te recuerdan la Semana Santa?

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Morena Escardo Morena Escardo
October 12, 2015

Las torrejas, tan parecidas a las tostadas francesas pero tan diferentes a la vez, siempre me hacen recordar la Semana Santa en casa de mi abuela salvadoreña. Ella se encargaba del menú de la casa y, por supuesto, en estos días sagrados no podían faltar, entre muchas otras exquisiteces, el bacalao con garbanzos, así como las deliciosas torrejas empapadas en un dulce almíbar que algunas veces tenía sabor a licor. Quizás en esas épocas las abuelas no se preocupaban de si los niños sentían el alcohol en los postres, pero obviamente a mi abuela eso parecía no afectarle. Como ella nunca tomó licor, supongo que no le agregaba mucho, pero sí lo suficiente como para que los pequeños lo notásemos. ¡Qué festines aquellos! En realidad, la comida era lo mejor de esos días calurosos, largos y super aburridos, pues mi dulce abuela no permitía que escuchásemos música ni viéramos televisión. Estaba prohibido jugar y correr, pero lo peor era que el Viernes Santo no dejaba ni que tomáramos una ducha porque decía que nos iba a salir cola de pescado… ¿se imaginan qué creatividad? El realismo mágico de mi escritor favorito se queda corto con esas historias descabelladas. Por eso pueden entender por qué la comida era el centro de nuestras vidas en esos días y, afortunadamente, la abuela cocinaba como los dioses. Como también tenía la costumbre de no dejar que las niñas entrásemos a la cocina, esta es mi interpretación de las torrejas con las que me deleitaba uno que otro año, cada vez que viajábamos a pasar la Semana Santa con ella. La miel era un almíbar transparente y con sabor a canela, y las rodajas de pan eran gordas y con cada bocado explotaban con el dulce almíbar. Es un recuerdo tan provocativo que no puedo resistir la tentación y creo que me comeré otra en este momento. ¿Y a ti qué postres te recuerdan la Semana Santa?