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thinly sliced plantains

Bananina: Delicia Resultante del Plátano Macho

By Migdalis Pérez, February 04, 2014
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De pequeña, cada vez que me ponía melindrosa para comer, o me enfermaba, mi mamá me daba un buen plato de bananina, a saber, rodajas finitas de plátano macho secadas al sol y cocinadas con leche y azúcar. Aquel “fuingue”, como le llamaba yo, era una salvación en medio de esas circunstancias, pues no había Dios que me hiciera probar otro alimento.

Mi madre me contaba que había criado al resto de mis hermanos con esa papilla, y “mira lo sanos y fuertes que han sido siempre”. ¡No digo yo! Con lo que llena y lo sabrosa que es. El caso es que, por una u otra razón, la bananina siempre ha sido un platillo habitual en nuestra mesa.

Aunque normalmente la gente la prepara con leche y azúcar, en casa se sustituye este endulzante por leche condensada, así el “fuingue” queda más rico y espeso. ¿Qué nunca lo has comido? Pues deberías hacerlo. Apuesto a que te encantará, y si es a tus niños, ni hablar.

Si quieres elaborar la bananina al estilo de mi mamá, consigue unos plátanos machos (verdes) bien buenos. Luego, pícalos en rueditas delgadas, y colócalas al sol por tres días (cuando estén crujientes, significa que ya las puedes usar). Pon a hervir la leche, agrega la condensada a tu gusto y luego, las rodajitas.

A medida que se vayan cociendo, la mezcla se irá espesando. Retírala del fuego cuando el plátano esté cocinado y sírvela caliente. Te aclaro que también existe otra forma de presentación de la bananina. Se trata de una harina hecha con las propias rueditas secas de plátano.

¿Cómo hacerla? Sencillamente, pasa las rodajitas por una máquina de moler o pulverízalas en una batidora. Y por si te lo estás preguntando, la única diferencia entre una y otra es que, mientras que en la papilla hecha con la primera te encuentras los pedacitos de plátano, en la segunda, no, porque queda como una crema. ¡Exquisita!

Otro detalle: si quieres, puedes envasar tanto las rueditas como el polvo en bolsas de nylon y conservarlos durante seis meses fuera de la nevera. Así, siempre tendrás a mano el producto para lo que se te antoje: sea para hacer “fuingue” o para elaborar sopas, ajiacos, dulces, o convertirlo en gofio.

¿Ya viste cuántos posibles usos tiene? ¿Te animarás a prepararla? Francamente, espero que sí, y que al final te guste tanto como a mí.

popped Migdalis Pérez
Aunque mi familia dice "comes como un pajarito" porque prefiero porciones más pequeñas, me encanta cocinar, descubrir nuevos sabores, y experimentar con recetas exóticas. Disfruto de programas de cocina y siempre estoy en la búsqueda de cualquier sugerencia o truco para ayudarme a mejorar mis habilidades culinarias. También me gusta sorprender a mis seres queridos con nuevos platos, volver a conectar con ciertos alimentos de mi infancia (los que nunca se olvidan), visitar nuevos restaurantes, y explorar la gastronomía de otros países. Soy periodista, cubana, y vivo en Miami donde me dedico por completo a la escritura. No dudes en visitar mi proyecto personal en revistacatalejo.com

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