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Dulces Enchilados: Una Deliciosa Contradicción

By Laura Martínez, September 06, 2013
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“¿Qué te llevo de México?” me preguntó mi amiga Elena unos días antes de venir a visitarme a Nueva York. La respuesta no la dudé un segundo: “Trae dulces enchilados”.

Y es que si bien ahora es muy fácil encontrar productos mexicanos en la llamada Gran Manzana, la oferta de dulces enchilados no es tan variada como quisiéramos. Y si para algo se pinta solo mi país, es para darle sabor al dulce con un toque picosito y delicioso.

Elena llegó, efectivamente, cargada de un picante motín. En su saco de mano me traía paletas, gomitas, chicles, chiclosos y caramelos agridulces y picantes. Algunos dulces estaban condimentados con chile piquín; otros, con pulpa de tamarindo y otros tantos estaban elaborados a base de mi condimento favorito: el chamoy, una especie de salsa que preparamos en México mezclando fruta deshidratada con chile, sal, azúcar, agua y vinagre y que sirve para bañar frutas frescas, raspados, papas fritas, palomitas de maíz y hasta vegetales como zanahorias, apios y pepinos. El chamoy se puede comprar en polvo, en líquido o en pasta y hay desde el más suavecito hasta el más picante; y todos -sin importar qué tanto piquen- son deliciosos.

En México, los dulces enchilados son tan variados como nuestra cocina misma. Los más populares están hechos a base de tamarindo, ese fruto marrón que se usa en muchísimos países tropicales para preparar salsas agridulces o aguas frescas. Los mexicanos, además de comer el tamarindo como una fruta común y corriente, lo usamos también para mezclar su pulpa con azúcar, sal y chile piquín dándole un sabor agridulce y picosito muy especial. Los dulces enchilados de tamarindo se venden generalmente como una bolita envuelta en papel celofán y los más típicos vienen con las semillas dentro, lo cual hace que el sabor dure más tiempo en el paladar.

El sabor de lo dulce-enchilado es algo muy familiar para nosotros, pero a la vez difícil de explicar a los demás. Es parte tan arraigada de la cultura mexicana, que es muy común ver a niños pequeños disfrutando durante el recreo de una paleta de tamarindo picosito o unos cacahuates bañados en chamoy en polvo.

Si nunca has probado los dulces enchilados, te los recomiendo de corazón; son una forma muy divertida (y deliciosa) de distraer el paladar. Cuando lo hagas, ¡comparte aquí tu experiencia!

popped Laura Martínez
Nací y crecí en la Ciudad de México, pero he vivido en Chile, Argentina, Singapur, Francia y Estados Unidos (Los Ángeles y Nueva York). Aunque no sé mucho acerca de estos lugares, hay una cosa que sé con certeza: me encanta su comida. Yo soy escritora y me especializo en los negocios y los medios de comunicación, pero me encanta leer y escribir sobre la comida. Crecí comiendo jamón crudo, fabada, y queso manchego con mi abuelo, que era español, y mi abuela mexicana podría muy bien haber sido la mejor cocinera del mundo de los chiles en nogada. Las especias españolas y mexicanas corren por mis venas, pero vivo con un francés. Él hornea su propio pan y prepara quiche lorraine o velouté en el invierno y una ensalada de crudités en el verano. La comida es el núcleo de mis historias más entretenidas y me encantaría contarte todo acerca de ellas. ¿Me acompañas?

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