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a stack of casabe

¿A Qué Sabe el Casabe?

By Migdalis Pérez, August 13, 2013
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La primera vez que comí casabe (o cazabe) no me gustó en lo absoluto. No sé si fue porque me resultó totalmente insípido o porque estaba muy pequeña y aún era bastante melindrosa para comer. “Cógele bien el gusto”, me decía mi mamá una y otra vez, para convencerme de que aquella suerte de pan delgado y circular era toda una exquisitez.

Pero, a decir verdad, yo no le encontraba nada bueno. Es más: no entendía por qué a ella le gustaba tanto y de cualquier manera. Lo mismo se lo comía solo que aderezado con aceite y sal, con carne asada o en salsa, con café, sopa, miel, mermelada, en fin, con casi cualquier cosa “que le pegara”.

He de confesar que, en ese entonces, yo veía al casabe como algo del pasado, de otra época. Un hecho justificado, si se quiere, porque la primera imagen que recuerdo del alimento es una que mostraba a unos aborígenes preparándolo. La foto en cuestión aparecía en un libro de Historia de Cuba de la enseñanza primaria y apoyaba a un texto que narraba el origen y modo de elaboración de esa clase de torta.

Así que en mi mente infantil no cabía que el casabe hubiera traspasado las fronteras del tiempo y que mucha gente, como mi madre, lo siguiera prefiriendo, tal como hicieron en su momento los nativos de mi tierra y de otras naciones latinoamericanas, entre ellas, Venezuela, Belice, Colombia, Guatemala, Honduras, Brasil y República Dominicana.

¡Qué chiquillada la mía! Y pensar que, hoy por hoy, este producto derivado de la yuca sigue estando presente en la mesa de estos países (principalmente en zonas indígenas y rurales) y hasta en sofisticados restaurantes especializados en comida criolla. Tal como debe ser, ¿no crees? Porque si hay algo que forma parte inexorable de nuestra cultura culinaria es, precisamente, el casabe.

Dicen que todavía hay gente que lo elabora a la manera tradicional: pelan la yuca (variedad amarga), la rayan bien y la exprimen en el cebucán (para sacarle el compuesto tóxico denominado yare); después, muelen la pulpa y la cuelan; luego, la ponen a secar al sol; a renglón seguido, la amasan y le dan forma de tortillas, y finalmente, la ponen en el budare, donde se cocina completamente. Por si no lo sabías, a todo este proceso se lo conoce como “el tren del casabe”.

Claro, con la llegada de los adelantos tecnológicos, este procedimiento se ha simplificado. Hoy en día, casi toda la producción del también llamado “pan de la tierra” se realiza de modo industrial. Pero el resultado sigue siendo el mismo: sean delgadas o un poco más gruesas, las tortas obtenidas son tan crujientes como las conseguidas en el horno tradicional.

Aprovecho para comentarte que las más finas parecen galletas y puedes acompañarlas con mantequilla, queso crema, paté y otros productos similares. En el caso de las más gruesas, puedes mojarlas en cualquier bebida o comida líquida de tu agrado. Y de manera general, aprovechando su sabor neutro, puedes combinarlas con todo lo que te apetezca. Ya sabes, como dice el refranero cubano, “a falta de pan, casabe”.

Sí, ya sé que a estas alturas del partido te habrás dado cuenta de que ahora sí me gusta este antiquísimo producto. “Es que el paladar cambia con los años”, sostiene mi madre, y creo que tiene razón. Obviamente, no es algo que como a diario, pero sí una alternativa viable para esos días en que quiero cambiar el menú y hasta recordar aquellos tiempos de mi infancia en los que esta clase de torta me parecía tan sosa.

Y a ti, ¿también te gusta este derivado de la yuca? ¿Con qué otras delicias lo combinas? Anda, anímate y cuéntanos.

popped Migdalis Pérez
Aunque mi familia dice "comes como un pajarito" porque prefiero porciones más pequeñas, me encanta cocinar, descubrir nuevos sabores, y experimentar con recetas exóticas. Disfruto de programas de cocina y siempre estoy en la búsqueda de cualquier sugerencia o truco para ayudarme a mejorar mis habilidades culinarias. También me gusta sorprender a mis seres queridos con nuevos platos, volver a conectar con ciertos alimentos de mi infancia (los que nunca se olvidan), visitar nuevos restaurantes, y explorar la gastronomía de otros países. Soy periodista, cubana, y vivo en Miami donde me dedico por completo a la escritura. No dudes en visitar mi proyecto personal en revistacatalejo.com

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