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Al Baklava con Cariño

Al Baklava con Cariño

By Bea Osorio, April 16, 2014
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Conocer el origen del dulce baklava es como descubrir de qué país viene la arepa en Latinoamérica. Muchos se atribuyen su deliciosa creación, y tienen razones de sobra para querer adueñarse de su origen, pues es uno de esos casos en que la palabra “exquisito” cae como anillo al dedo.

Su nombre, baklava, está relacionado con el término mongol que significa “envolver”. Este dulce existe desde tiempos del imperio otomano, que estaba formado por naciones como Grecia, Armenia, Irán, Bosnia y Serbia; sin embargo, es, al parecer, Turquía la se lleva la mayoría de las credenciales.

Comenzó siendo una especie de masa de harina con pasta de nueces pero luego los griegos aplicaron una técnica de amasamiento que la convierte en una fina lámina parecida a una hoja de papel, conocida como pasta hojaldrada o “Filo”. Dicen que, mientras más delgado sea el filo, mejor, pues la idea es que se derrita en la boca.

Su preparación consiste en untar con un pincel las láminas con mantequilla derretida y alternarlas con la pasta de frutos secos, que puede ser a base de nueces, pistacho o avellanas. A esta pasta le añades azúcar, canela o miel al gusto. Luego se hornea por 45 minutos y, al sacarla, agregas almíbar a base de agua, azúcar y un chorrito de zumo de limón. Por cierto, cuentan que deben ser 33 las capas de filo del baklava, por la edad de Cristo. En algunos países debes cortar las porciones en forma de diamante, y en otros se prefieren los cuadritos. En lo que sí coinciden todos es que va muy bien con té negro o café.

Aunque la receta es relativamente sencilla, la historia le da algo de complejidad y de misterio. Algunos autores relatan que durante el siglo XVII, en un palacio de Estambul, los nuevos cocineros tenían que pasar “la prueba del baklava“: al llegar, lo primero que debían hacer era preparar la receta para evaluar si estaban a la altura y ser aceptados en la cocina real. Así de preciado es este dulce.

Además de la receta tradicional árabe, nosotros en casa podemos agregarle ingredientes de nuestras tierras. Por ejemplo, leí de un chef que se atrevió a ponerle chocolate. También podemos probar con dulce de leche o mermelada de guayaba entre las capas del filo o cualquier otro ingrediente caribeño que le dé un gusto distinto a este distinguido manjar. Tú, ¿qué le agregarías?

popped Bea Osorio
Nací en Caracas y veo a mi ciudad como una colorida maqueta de pequeñas nacionalidades. En el centro pasé mi infancia entre las vitrinas de la pastelería italiana, el aroma colgante de la charcutería española y el aceite hirviendo de las sartenes criollas. Es difícil saber dónde se origina la receta de una abuela venezolana. En mi caso, puede ser del frío fronterizo de mi sangre colombiana o el calor de la goajira costeña. Hoy desde Los Angeles, otro prisma también construido de mezclas indescifrables, los invito a sentarnos en una mesa a disfrutar y hablar de comida, mi ritual preferido.

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