
El flan debe ser por definición, o como yo lo defino, el postre latino clásico por excelencia que todos los latinos, más allá de donde vengamos compartimos. Ya sea que vayas a un restaurante peruano, español, cubano, argentino, uruguayo, brasileño, chileno, colombiano, venezolano…siempre hallarás que el flan se ubica modestamente en su lista de postres.
El acompañamiento dependerá más de los orígenes del flan. Por ejemplo, mi flan no es un flan completo si no se acompaña con dulce de leche, y por qué no, crema fresca batida.
Todos nos criamos con una “versión” o receta de familia de flan y creo que eso sí depende mucho de donde vengas. He notado que los países caribeños usan mucho leche condensada y evaporada, y suelen incluir reducción de caramelo. También he notado que todos decimos que nuestra receta de flan es la mejor de todas. Obviamente, yo también digo que “mi” receta es la mejor. No sé si lo es, pero que es deliciosa y adictiva, lo es.
De adolescente, mi papá era mi fan número uno. Él se hacía los flanes de caja. Cuando me mudé con él, me animé a hacerle mi receta: totalmente casera, y completamente de cero. De allí, comencé a experimentar texturas dependiendo de la cantidad de huevos que le agregaba, cómo y cuánto lo horneaba, y el batido de los huevos, hasta que hallé la medida perfecta: aireado, ligero pero con cuerpo, sin el gusto “huevo” y la textura que se deshace en el paladar. En tema leche, no uso ni condensada, ni evaporada, uso leche entera con su proporción adecuada de azúcar-lo cual también experimenté varias veces hasta hallar “la” medida perfecta.
El caramelo lo hacía (lo hago) puro, sin rebajar. El color es espectacular, un ámbar profundo, con un sabor no empalaga en absoluto, y una textura líquida pero espesa, no acuosa.
Partiendo de la receta básica, luego puedes agregarle café, chocolate, o el sabor que quieras, como este flan de calabaza. Para mí, el flan clásico simplemente no tiene competencia. ¿Cuál es la versión de flan favorita tuya?








