Suscribite hoy a Qué Rica Vida, una amiga para siempre.
Suscríbete ahora »¡Es asombroso! Su primer llanto nos provoca una inmensa alegría porque ahora que lo vemos, tocamos y escuchamos todas las dudas quedan atrás.
Tal vez suene trillado decirlo, pero es verdad, su pequeña presencia nos ilumina tan intensamente que cualquier rastro de dolor pronto queda en el olvido.
Nace una madre. Sea el primero o el segundo, sea niño o niña, es cuando nace que también se consolida el nacimiento de una madre.
La llegada del bebé es suficiente para recuperar la energía perdida durante el parto. Una labor dolorosa y a veces difícil se ve ampliamente recompensada al sentir por primera vez cómo una manita estrecha uno solo de nuestros dedos.
El mundo parece estar de cabeza cuando las prioridades las delimita esa pequeña personita, pero la cordura debe volver lo antes posible para poder darle los mejores cuidados y sentirnos orgullosas como madres
Un hijo nos da la oportunidad de conocernos a nosotras mismas. Nuevas reacciones nos esperan ante cada llanto y sonrisa.
Obsérvalo, esa criaturita trae consigo un gran libro de lecciones que enseñarnos de la vida.
Cantar y bailar es más que una muestra de alegría, es la primera gran lección de amor que podemos disfrutar con nuestro bebé en brazos.