Enseñar Buenos Modales en la Mesa a los Niños: ¿Fructífero o Fútil?
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Enseñar Buenos Modales en la Mesa a los Niños: ¿Fructífero o Fútil?

Para mis padres fue importante enseñarnos a mi hermana y a mí buenos modales en la mesa, especialmente para mi madre. Entre las historias familiares se contaba que uno de mis tíos tenía tan buenos modales en la mesa que podía pelar y comer una pera con tenedor y cuchillo. Ni una sola vez sus inmaculados dedos tocaban la fruta al usar el cuchillo para retirar delicadamente la piel, y tampoco hacía ningún tipo de ruido con los cubiertos sobre el plato. Cuando mis modales y los de mi hermana en la mesa distaban mucho de la perfección, mis padres nos decían: “¿Qué diría tu tío?”. Por eso siempre viví con un miedo terrible de comer en la presencia de mi tío.

Todavía tengo un vago recuerdo del día en que finalmente pude pelar y comer un camarón con tenedor y cuchillo. En mi casa, ¡fue como ganar una medalla de oro en las Olimpíadas! Como mi madre es de España, nos enseñó a comer con la mano izquierda, es decir, sin cambiar nunca el tenedor a la otra mano. Siempre me gustó comer como un estadounidense en las casas de mis amigos y como una española en las casas de mis familiares en ese país.

Hoy valoro mucho aquellos tiempos, incluido el miedo a mi tío. Recuerdo que pensaba: “¿Por qué es tan importante?”. No me gustaba que me recordaran que no debía tomar agua con la boca abierta. Odiaba escuchar “no te toques el pelo en la mesa” o “dobla la servilleta y colócala junto al plato antes de levantarte de la mesa”. Todo eso me parecía un fastidio.

Pero ahora, como persona adulta, valoro mucho que mis padres hayan hecho énfasis en los modales en la mesa. A lo largo de mi vida he tenido oportunidad de asistir a cenas de negocios o algún evento elegante donde comí en presencia de directores ejecutivos o incluso personas famosas, y en ningún momento dudé de mi capacidad para comer correctamente. Nunca me cuestioné qué cubierto usar o cómo servir a alguien sentado a mi lado. La capacidad de sentirme cómoda en estas situaciones aumentó la confianza en mí misma. Además, es muy agradable comer con buenos modales en casa, tanto con amigos como con familiares. No es algo que hay que reservar solo para ocasiones importantes.

Mi filosofía es la siguiente: Los niños son como una página en blanco. Les enseñamos a escribir, a jugar a algún deporte o quizás a tocar algún instrumento musical. Enseñarles buenos modales en la mesa es otra habilidad que podemos brindarles. Si no les enseñamos, de algún modo les estamos quitando la oportunidad de aprender. Las lecciones no tienen que ser castigos, pueden ser tan naturales como la conversación que se comparte en la mesa. Pero con refuerzo positivo y constante, y mucha pero mucha paciencia… ¡los niños, no tengas dudas, aprenden! Aprender es lo que mejor hace el cerebro.

A mis padres les encanta comer con mis hijas, y mi madre está orgullosa de sus modales. Espero que algún día mis hijas recuerden mis lecciones y también se sientan agradecidas.

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Publicado en: A Celebrar, ¿Sabías Que?

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