Una buena actitud hace la diferencia
A pesar de que el tiempo de fiestas debe ser el mejor momento para disfrutar a la familia y crear memorias que perduran, muchas veces se convierten en ratos amargos y difíciles de disfrutar. Una mirada de desaire, un comentario rudo o un frío saludo, alejan,
desaniman e incomodan a quienes más tendríamos que cuidar: nuestros seres queridos.
Si realmente valoramos a nuestra familia y tenemos ganas de pasarla bien, asegurémonos de llegar a cada fiesta con una actitud positiva y con verdaderas ganas de compartir en armonía. Podría ser una de las reuniones más apreciadas y divertidas que quede grabada
en nuestra memoria.
Las fiestas para Laura siempre vinieron acompañadas con emociones distintas. Por un lado, el gusto de reencontrarse con toda su familia y por el otro, el peso de tener que compartir la mesa con sus primas gemelas, Karen y Janina, mujeres de mirada pesada,
criticonas, altaneras y burlonas.
Cada año se repetía la misma escena: una mesa muy bien puesta, un menú tradicional y un clima festivo y familiar. Karen y Janina disfrutaban de encontrar algo para reírse y criticar, logrando que quienes estuvieran a su alrededor se sintieran incómodos y fuera
de lugar. El problema no era lo que decían sino lo que callaban. Sus miradas de desaprobación y sorna se cruzaban tanto que parecían nunca acabar. Los gestos de las manos contradecían sus palabras y el tono de las voces reflejaban su soberbia y el menosprecio
que sentían por varios de los miembros de la familia.
Aprendiendo de los otros
Las gemelas parecían no darse cuenta o simplemente no les importaba el sentir de los demás. Por cortesía, nadie les decía nada, pero se sentían incómodos y tensionados. Laura sufrió mucho hasta que aprendió a ignorarlas, concentrándose en todo lo bueno
y positivo que había a su alrededor. Y fue así como observando a sus primas y buscando la forma de tener una agradable y tranquila reunión familiar descubrió una gran lección que pudo usar en su vida personal: hay que tener una buena actitud y una buena predisposición.
Las fiestas son un momento de reencuentro, una oportunidad para crear puentes, estrechar lazos y de compartir logros y sentimientos que las personas que nos quieren pueden disfrutar.
La actitud hace a la ocasión. Hay que recordar continuamente que la vida pasa muy rápido y es importante aprovechar cada oportunidad para crear buenos recuerdos y gratos momentos.
¿Por qué no llegar a estas fiestas con una mejor actitud y una buena disposición?